Lunes, 25 de Enero de 2010
Hay algo que comienza a preocupar a importantes sectores de la población. Sobre todo a los que se interesan de las decisiones gubernamentales en función que de ellas depende en gran parte la estrategia para arriesgar sus capitales. México ha estancado sus procesos económicos a causa de los diferendos entre empresarios y el gobierno, lo que provocó una disminución considerable en lo que se refiere a los índices de productividad y la generación de empleos, además de propiciar que el nivel de confianza en el ámbito internacional siga a la baja. Por eso tampoco llegan las inversiones extranjeras y nuestros mercados de consumo interno se deprimen.
No se si las mentiras oficiales para encubrir los efectos de una crisis mal manejada en lo interno, y posicionar mejoras inexistentes con agresivas campañas mediáticas sea el camino correcto, lo que desde luego es una forma demagógica de engañar a la población. Me queda claro que el momento electoral es el origen de esas esperanzas inalcanzables que tanto nos han referido en los últimos días. Esto nos demuestra la carencia de probidad de nuestros gobernantes, y el engaño al que nos tienen sometidos desde hace algunos años.
No hay que ir muy lejos para constatar esas aseveraciones y únicamente basta remitirnos a las cifras que diera a conocer el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, donde se observa que la tasa de desocupación durante diciembre de 2009 fue de 4.80 por ciento, mayor a la registrada en el mismo mes del año anterior. A eso hay que agregar que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe afirmó que el subempleo alcanza el 28 por ciento de la población económicamente activa, lo que quiere decir que el subempleo alcanza más de 15 millones de personas. Esta circunstancia es grave ya que el traslado de empleos formales a informales se convierte en un delicado tema que tendrá que analizarse a conciencia en las próximas discusiones de la reforma fiscal y hacendaria.
Estas cifras contradicen las que en su momento diera a conocer el imberbe Secretario de Economía, Gerardo Ruiz Mateos, quien incluso de se dio a la tarea de intentar convencernos que en último trimestre tuvimos un repunte en la generación de empleos. No creo como lo ha señalado el Presidente de la República y ratificado por el Secretario de Hacienda en su comparecencia frente a la Comisión Permanente, que la crisis haya terminado, por el contrario, según los especialistas sus efectos se dejarán sentir todavía al menos en el primer semestre del presente año. Con esto que doy por confirmado que en este asunto hay una más de las mentiras oficiales intentando reposicionar a un alicaído panismo que si no logra concretar las anunciadas coaliciones con el perredismo, verá mermadas sus posibilidades de llegar al 2012 en una posición de competitividad electoral.
Por eso Genaro García Luna adoptó una actitud triunfalista ratificando la funcionalidad de la estrategia de combate al crimen organizado, lo que le ganó una andanada verbal del senador Ricardo Monreal Ávila. Si como dijo el alza en el consumo de drogas disparó la violencia en el país, en Estados Unidos desde hace tiempo se hubiera desatado una guerra de funestas consecuencias entre los consumista. Decir que un millón 700 mil personas consumen cocaína y más de 3 millones marihuana resulta temerario, además de ser una declaración de incompetencia porque desde que se inició la guerra contra el narco los índices se dispararon y pasamos de ser un país de tránsito a consumista.
Si como asegura la revista Forbes Joaquín el Chapo Guzmán tiene una fortuna cercana a los mil millones de dólares, no creo que tal cantidad de dinero se pueda ocultar tan fácilmente, lo que indica que o no se tienen los elementos capacitados para la detección de lavado de dinero, o existe un marcado interés por "hacerse de la vista gorda". Tan sencillo que resultaría obligar en tribunales a la publicación norteamericana para que de a conocer de donde salen esos datos. En fin, estamos viviendo la etapa de la oficialización de las mentiras gubernamentales. Como siempre, primero el interés de las camarillas. La pregunta es: ¿hasta cuando el interés de los mexicanos? Al tiempo.
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